Hace un par de días me enseñaron este vídeo, que me parece clave para la educación. Tendemos a volcar en nuestros hijos las inseguridades y frustraciones que nosotros no hemos logrado en nuestra vida. Por eso, intentamos que los niños hagan todo lo que nosotros no hicimos o no pudimos hacer. Entre ellas, está la creencia de que el baile no es futuro, de que todo lo que no sea estudiar hasta morirse o sacarse un título de todo no sirve para nada. Hemos estrechado el currículum de un futura próspero, lo hemos constreñido y encorsetado hasta solo admitir personas que han estudiado, que saben idiomas y que han viajado mucho.
No me malinterpretéis, me parecen virtudes necesarias, las del estudio, las del trabajo, etc., y saber un idioma ahora es clave; pero hay más cosas en la vida para disfrutarlas. Me refiero a lo hobbies o a los trabajos menos convencionales.
Tengo una amiga que estudia medicina. Le encanta la medicina pero odia estudiar, es una realidad. Para compensar las horas de estudio y no romperse por dentro, saca tiempo de debajo de las piedras para pintar, cantar y tocar su instrumento favorito. Llega a su casa agotada, casi sin fuerzas, pero con la sensación de estar realizada.
Otra cosa que me ha hecho pensar es que el resto de trabajos, por poco que tengan de oficina, también son importantes, incluso casi más porque nos aportan entretenimiento, placer y distracción. Hablo de los bailarines, de los cantantes, de los que trabajan en ópera, teatro, cine, magia, series, etc. Son ellos los que nos aportan las distracciones necesarias para no englobarnos en una nube de rutina. Son también importantes. No es un futuro magnífico, el ser reconocido (por lo bueno o por lo malo) en todo el mundo, ser tachado de vago por elegir un trabajo poco útil, ganar dinero pero sentirse solo porque no sabe hasta qué punto tiene amigos (¿y si se quedase sin dinero?), etc. pero nos salvan la vida a todos.
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